A pesar de su breve paso por la AS Roma (2011-2012), Luis Enrique dejó una huella imborrable en el desarrollo de su identidad como entrenador. Con ideas firmes y grandes expectativas, el técnico español impuso rápidamente sus principios, incluso a costa de desestabilizar a un vestuario acostumbrado a otras normas.
«Después de un mes, jugadores clave como De Rossi y Totti vinieron a mí y me dijeron que se sentían como si nunca hubieran jugado al fútbol; estaban aprendiendo muchísimo», relató Walter Sabatini, entonces director deportivo del club italiano, según L’Équipe. Esta experiencia decisiva en Roma reveló la obsesión de Luis Enrique por el control, la intensidad y la transmisión de su visión del juego.









