El Real Madrid ya no logra ocultar sus dudas. Más allá de los números, lo que realmente refleja el estado de un equipo son las sensaciones sobre el terreno de juego, y las que dejó el conjunto blanco ante el Mallorca fueron preocupantes. La derrota en Son Moix no solo supone perder tres puntos clave en LaLiga, sino también evidenciar una preocupante falta de intensidad y ambición.
Durante los 90 minutos, el equipo transmitió apatía e indiferencia, una imagen que le aleja aún más del liderato y que no invita al optimismo de cara al exigente duelo ante el Bayern de Múnich en los cuartos de final de la Champions League. Mientras tanto, en la competición doméstica, los blancos siguen mostrando una irregularidad que les descarta como aspirantes sólidos al título.
Con la llegada de los compromisos europeos en abril, se espera una reacción en el Santiago Bernabéu, pero lo cierto es que en LaLiga, jornada tras jornada, el Madrid demuestra no tener la consistencia necesaria para competir por el campeonato. Toda la presión parece centrarse ahora en la Champions, aunque su nivel actual genera dudas.
En contraste, el Mallorca celebró una victoria cargada de emoción, con Vedat Muriqi como gran protagonista. El delantero kosovar, tras una semana difícil a nivel personal, marcó el gol del triunfo (2-1) y rompió a llorar sobre el césped. Su celebración, acompañado de su hijo, simbolizó ese sentimiento tan repetido en el fútbol: lo que te quita, también puede devolvértelo.









