Veinte años después de la histórica final del Mundial de Alemania 2006 entre Francia e Italia, Marco Materazzi recordó en una entrevista con L’Équipe el famoso cabezazo que le propinó Zinedine Zidane en la prórroga. El exdefensor italiano aseguró que siempre asumió su estilo de juego agresivo y reconoció que aceptaba ser «un auténtico canalla sobre el terreno de juego».
A pesar de la polémica que marcó aquella final, Materazzi también mostró admiración por Zidane. Destacó la personalidad del francés al ejecutar un penalti a lo Panenka cuando el partido aún estaba 0-0, una acción que calificó como una demostración de enorme valentía. Incluso confesó que, visto con el paso del tiempo, le habría gustado intentar un lanzamiento similar en una tanda de penaltis.
El italiano explicó que el incidente comenzó durante un saque de esquina en la prórroga. Según su versión, se apoyó sobre Zidane mientras esperaba el centro y el capitán francés, molesto, le dijo que si quería su camiseta se la daría al terminar el encuentro. Materazzi respondió con un comentario provocador, aunque evitó revelar exactamente qué dijo, comparando ese tipo de intercambios verbales con el «trash talking» popularizado por Michael Jordan.
Pocos segundos después llegó la acción que pasó a la historia del fútbol. Materazzi reconoció que nunca imaginó que Zidane reaccionaría con un cabezazo al pecho. Aseguró que el hecho de no esperarlo evitó que intentara defenderse, ya que si hubiera levantado el brazo para apartarlo, ambos podrían haber terminado expulsados. Además, señaló que el golpe fue muy fuerte y pudo haberle provocado lesiones importantes.
El excentral también confesó cuál fue su reacción tras caer al césped. Admitió que, mientras permanecía en el suelo, esperaba que el árbitro expulsara a Zidane y reconoció que no tenía intención de levantarse hasta que eso ocurriera. Según explicó, esa fue su manera de asegurarse de que la acción no quedara sin sanción.
Finalmente, el equipo arbitral, tras recibir el aviso de Gianluigi Buffon y revisar lo sucedido, mostró la tarjeta roja a Zidane en el minuto 110 de la prórroga. Aquella expulsión marcó el desenlace de una de las finales más recordadas de la historia de los Mundiales, que terminó con Italia proclamándose campeona tras imponerse en la tanda de penaltis.









